| |
 |
 |
|
ELCIEGO
EN OTOÑO
Se despide el verano con las fiestas mayores del pueblo
y las noches exigen mayor ropaje en los dormitorios.
De nuevo aparece una actitud más estricta en la vida
social y un ajetreo especial avisa la proximidad de
las vendimias.
Ahora todo es tensión, porque llega el momento
de recoger el fruto del año; nadie puede descuidarse
y todo debe estar preparado para el trajín.
Las bodegas se preparan para recibir la uva y las familias
hacen los primeros contactos para conseguir vendimiadores.
Poco a poco aparecen en el pueblo unos singulares personajes
con aspecto duro y de múltiples orígenes
y destinos, predominando los de raza gitana que se instalan
con esas peculiaridades de sus costumbres.
Todo el mundo presta atención al momento
de inicio de la vendimia, y cuando comienza alguna bodega
representativa, le siguen todas las demás.
Ahora el pueblo desarrolla escenarios divertidísimos
de contemplar, hondea la ropa multicolor de las coladas
que las mujeres gitanas cuelgan como estandartes del
campamento. Los tractores remolcan cuadrillas de vendimiadores
vestidos de piratas, la báscula municipal es el corazón
del interés del pueblo y los viñedos quedan
salpicados de toldos amarillos con cabezas que aparecen
y desaparecen entre el ramaje, y cestos cargados de
uva que parecen resbalar por encima de las cepas.
El aire que se respira es de un dulzón empalagoso y
el suelo adquiere un pringue de azucares que tardará
mucho en desaparecer. Los chiquillos de las familias
vendimiadoras corretean por el pueblo, mientras sus
madres hacen las compras y alguno que pretendía
vendimiar, deambula de bar en bar en condiciones ruinosas.
Van pelándose las cepas de sus racimos, y las
tolbas las estrujan para entrar en los depósitos.
Cada agricultor empieza a conocer la cantidad que está
cosechando y la graduación de la misma, y sin
embargo la mayoría entregará su uva a
una gran marca con incertidumbre sobre el precio que
por la misma le pagarán.
Todo el campo queda trotado por la infinidad de viajes
de los tractores y personas y aparecen restos de ropa,
fuego y comida junto a las viñas en las que almuerzan
los vendimiadores. Ya no hay veraneantes, el relente
es intenso y las hojas comienzan a caer y bailar en
corro a la esquina de la Ermita de la Virgen de la Plaza.
El día se hace corto y ha desaparecido el bullicio
de los niños, jugando hasta las tantas. Las abuelas
descansan después de haber cumplido con los nietos
revoltosos de la ciudad.
Sólo se habla de cosecha y precios y difícilmente
se verbaliza todo lo concerniente a ello porque hay
mucho de interés no compartido por todos. Se
duerme tranquilo desde cuando entró el último
kilo de uva en la bodega, y de nuevo suena el hacha
picando leña en los corrales.
Ahora los perritos de casa están a sus
anchas aunque alguno este convaleciente de la pelea
que tuvo con uno de aquellos sucios y malencarados perros
que trajeron los vendimiadores.
El
cierzo amenaza y las heladas cubren las cáscaras
de almendras del huerto, y los cardos montan guardia
enfundados en sacos, semejando una asamblea de Sioux,
esperando ser cocinados en Navidad. Hombres
abrigados con gruesas ropas y la cabeza cubierta, con
unas tijeras de podar, volverán más tarde a esas
viñas que la ventisca pela de sus hojas amarillas
y carmines almacenándolas en los ribazos.
Sólos y podando encorvados recordaran la primavera,
el Verano y la vendimia; penas y alegrías, fiestas
y celebraciones..., la vida. Y con su perrito acurrucado
junto al tractor les oirás, en medio de aquella
fría soledad, silbar. |
|
|
|
|
|
|
Bodegas Elciego |
|
Bodegas en Elciego con Denominación de Origen
|
|
|
Gehry & Riscal |
|
Evolución de la Obra de Frank Gehry
|
|
|
Asociaciones |
|
Asociaciones en Elciego
|
|
|
Foro |
|
|
Punto de encuentro en la red
|
|
|
|